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Fundición artística y fundición industrial: dos usos del fuego, dos relaciones con el tiempo

  • 25 may
  • 6 min de lectura

Contexto de la actividad de Mão de Fogo, su evolución y su valor cultural para Montemor‑o‑Novo


Introducción

No todo lo que funde metal es igual. La palabra “fundición” puede designar una línea industrial en funcionamiento continuo, dedicada a la producción en serie, o un taller de escultura donde el metal se funde solo cuando una obra, larga y madura, alcanza finalmente ese momento decisivo. El gesto técnico es similar —calentar, fundir, verter—, pero el tiempo, el significado y el impacto son profundamente distintos.

La Mão de Fogo nace y se desarrolla en este segundo mundo. Un mundo donde el fuego no es permanente, sino ritual; donde el horno no es un motor continuo, sino un instrumento puntual; donde la mayor parte del trabajo ocurre antes y después de la fusión, en procesos lentos de concepción, decisión y acabado.

Este texto busca explicar esa diferencia con claridad y humanidad. No como una defensa abstracta, sino como un relato fiel de una práctica artística concreta, con historia, con evolución y con un impacto real —cultural, académico y territorial— en el municipio de Montemor‑o‑Novo.


1. Un inicio posible, una actividad entonces legalmente encuadrada (2001)


Cuando la Mão de Fogo inició su actividad, en 2001, era legalmente admisible ejercer una fundición en el lugar donde hoy se encuentra instalada. El marco municipal y el régimen urbanístico vigente en ese momento permitían ese uso, y la actividad se desarrolló de forma transparente y continuada.

Fue solo con el paso de los años, y con las sucesivas modificaciones de los reglamentos municipales y del PDM de Montemor‑o‑Novo, que la denominación general de “fundición” pasó a ser progresivamente restringida en zonas rurales. Esta evolución normativa no resultó de una intensificación de la actividad de la Mão de Fogo, sino de una reclasificación administrativa que pasó a agrupar bajo la misma denominación realidades productivas muy distintas.

Conviene, por tanto, subrayar que:

  • la Mão de Fogo ya existía y operaba legalmente en el momento de su instalación;

  • y que fue el cambio del marco regulador —y no una transformación repentina de la naturaleza de la empresa— el que generó la necesidad actual de clarificación.


2. De la fundición de apoyo a artistas a la madurez de un atelier


En los primeros años, la Mão de Fogo funcionaba principalmente como una fundición de apoyo a artistas externos. En esa fase inicial, el volumen de fundiciones era naturalmente mayor, y el horno se utilizaba con mayor frecuencia, siguiendo la dinámica del sector artístico de la época.

Con el tiempo, la empresa maduró y se transformó. Los servicios se ampliaron y especializaron, incluyendo:

  • consultoría técnica y acompañamiento de proyectos artísticos,

  • planificación de procesos y soluciones constructivas,

  • desarrollo y acabado de obra escultórica,

  • apoyo a la integración de escultura en espacio público y arquitectura.

Esta evolución tuvo un efecto claro: la actividad de fundición disminuyó significativamente, dejando de ser el centro permanente del trabajo para convertirse en solo una de las posibles fases del proceso.

Un momento determinante en esta transformación fue la integración, a tiempo completo, de una escultora residente —Carla Rondão. Su presencia reforzó el carácter de atelier creativo y cambió profundamente el ritmo de trabajo: las esculturas comenzaron a permanecer más tiempo en el espacio, en fases largas de modelado, definición formal y acabado, lo que redujo aún más la necesidad de fundiciones frecuentes.


3. El horno: de presencia constante a gesto excepcional


En una fundición industrial, incluso de pequeña escala, el horno existe para funcionar diariamente. Es el núcleo permanente de la operación.

En la Mão de Fogo, el horno existe para servir a la obra, no para justificar su propia utilización. Se enciende solo algunas veces al año —alrededor de una docena de campañas— y durante periodos cortos, raramente superiores a tres horas.

Este dato simple lo transforma todo:

  • el consumo anual de energía,

  • el volumen de metal fundido,

  • la cantidad de residuos asociados,

  • y la propia relación simbólica con el fuego.

Aquí, fundir no es rutina. Es conclusión.


4. El verdadero tiempo de la escultura


Una escultura no nace en el momento de la fundición. Nace mucho antes:

  • en el modelado,

  • en la corrección,

  • en la moldación,

  • en la preparación paciente de los refractarios,

  • en los secados,

  • en el montaje del sistema de fundición.

Y continúa mucho después:

  • en la soldadura,

  • en el cincelado,

  • en la reconstrucción de superficies,

  • en las pátinas,

  • en la protección,

  • en la instalación.

El momento en que el horno se enciende es intenso, pero breve. En términos de tiempo total de producción, es prácticamente residual. Pensar la Mão de Fogo como una “fundición” en el sentido industrial es ignorar que el fuego ocupa solo un instante en un proceso largo, humano y artístico.

5. Materiales, residuos y claridad necesaria

En el proceso predominantemente utilizado —cera perdida—, los refractarios y las cáscaras cerámicas se basan en materias primas minerales simples, como arenas y yeso/estuco, ampliamente utilizadas en la construcción civil. Cuando son correctamente gestionadas, no son residuos tóxicos ni comparables a subproductos de procesos industriales más pesados.

También es importante aclarar que:

  • la Mão de Fogo no realiza fundición en arena en sus instalaciones;

  • siempre que este proceso es necesario, se subcontrata a fundiciones especializadas en Portugal o España;

  • e incluso existen casos en los que todo el trabajo se externaliza, no pasando ninguna fase de fundición por el lugar.

De este modo, la carga ambiental asociada a la fusión metálica en el espacio de la Mão de Fogo es puntual, reducida y controlada.


6. El nombre de la empresa y la realidad actual de la actividad (objeto social y CAE)

Aunque la denominación social de la empresa aún incluye la expresión “Fundición Artística”, esta nomenclatura debe entenderse como un formalismo histórico, heredado del origen de la empresa y de su reconocimiento inicial en el ámbito artístico.

En la práctica:

  • el objeto social de la empresa es hoy mucho más amplio, incluyendo servicios de taller de escultura, consultoría, concepción y acompañamiento de proyectos artísticos;

  • y, incluso a nivel de la clasificación de actividad económica (CAE), la fundición ha dejado de ser la actividad principal, habiendo sido sustituida por taller de escultura y por actividad agrícola, hoy con mayor relevancia.

Esta última dimensión reviste un significado particular: la recuperación de la actividad agrícola en el mismo espacio donde fue ejercida durante décadas por el padre del fundador de la empresa, hasta el año 2013. La presencia actual de la Mão de Fogo no representa una ruptura con el uso histórico del suelo, sino una continuidad, ahora enriquecida por una dimensión cultural.


7. Un atelier abierto al entorno académico europeo (Erasmus y prácticas)


Además de la dimensión artística, la Mão de Fogo ha desarrollado a lo largo de los años una relación consistente con el entorno académico internacional. El atelier recibe regularmente estudiantes en régimen Erasmus, procedentes de diversas universidades europeas, para prácticas profesionales.

Estos estudiantes vienen a:

  • trabajar en un contexto real de taller,

  • aprender procesos de escultura, metal y producción artística,

  • y, simultáneamente, vivir y disfrutar del municipio de Montemor‑o‑Novo.

Esta presencia hace visible a Montemor‑o‑Novo en el entorno académico europeo, creando lazos que se prolongan en el tiempo a través de redes universitarias, proyectos futuros y circulación internacional. Se trata de un impacto discreto, pero profundo, que transforma el territorio en un lugar de aprendizaje y creación, y no solo de paso.


8. La Mão de Fogo como lugar de visita, circulación y visibilidad cultural para Montemor‑o‑Novo


A lo largo de los años, la Mão de Fogo se ha convertido en algo más que un lugar de producción artística. Se ha convertido en un lugar de visita. No en el sentido turístico convencional, sino como punto de paso cualificado para escultores, artistas, comisarios, arquitectos, periodistas culturales y equipos de producción —nacionales e internacionales— que se desplazan intencionadamente a Montemor‑o‑Novo para acompañar proyectos, conocer procesos, discutir decisiones artísticas o comprender el contexto en el que una obra es realizada.

Estas visitas no son episódicas ni decorativas. Forman parte del modo en que funciona la producción artística contemporánea: la obra se construye en diálogo, en el lugar donde la materia es trabajada. Y ese lugar tiene nombre, paisaje e identidad.


8.1 Visitas cualificadas y circulación de discurso


Cuando escultores y artistas trabajan con la Mão de Fogo, traen consigo redes profesionales activas. Los comisarios visitan ateliers para comprender procesos antes de programar exposiciones. Los arquitectos acompañan etapas de producción de obras integradas en edificios o en el espacio público. Los periodistas culturales buscan contextos materiales reales para escribir sobre prácticas contemporáneas que resisten a la abstracción.

Estas visitas dan lugar, de forma natural y recurrente, a:

  • artículos en revistas y plataformas culturales,

  • textos curatoriales y catálogos,

  • publicaciones en redes sociales profesionales,

  • referencias cruzadas en entrevistas, conferencias y presentaciones públicas.

Montemor‑o‑Novo es así citado, fotografiado, descrito y situado no como escenario ocasional, sino como lugar donde la obra sucede. Esta visibilidad no se compra ni se planifica mediante campañas: se construye con continuidad y con la calidad de lo que se produce.

 

 
 

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